miércoles, 30 de abril de 2014

Lo que tenga defecto, no ofreceréis, porque no os será aceptado. 
(Lev. 22:20 LBLA)
¿Pueden nuestras ofrendas ofender al Eterno?
El Eterno dice lo que hay que hacer para ser aceptado delante de Él. ¡Qué bondad la que sale de su Torá! HaShem nos da instrucciones concretas para saber lo que le gusta y lo que no le gusta para que podamos estar cerca de él sin ser motivo de disgusto, como dice al final de esta aliyá: “No profanaréis mi santo nombre, sino que seré santificado entre los hijos de Israel; yo soy el SEÑOR que os santifico” (Lev. 22:32 LBLA)
Lo que ofrecemos al Eterno muestra lo que pensamos de él. Si damos lo que nos sobra mostramos que él no es el primero, sino muy poco estimado por nosotros. Si damos algo que no nos gusta, mostramos que pensamos que él no merece lo que nos gusta. Si le damos lo mediocre mostramos que él no es importante para nosotros. Si le damos algo con defecto, mostramos que él no vale mucho en nuestras vidas. Nuestras ofrendas muestran lo que pensamos de él.
El que da lo que más valora, muestra que HaShem es lo más valioso en su vida. El que da algo que le cuesta muestra que tiene amor al Eterno. El que primero da al Eterno y luego piensa en sí mismo, muestra que tiene las prioridades correctas.
En Malaquías 1:6-14 está escrito: “El hijo honra a su padre, y el siervo a su señor. Pues si yo soy padre, ¿dónde está mi honor? Y si yo soy señor, ¿dónde está mi temor?--dice el SEÑOR de los ejércitos a vosotros sacerdotes que menospreciáis mi nombre--. Pero vosotros decís: "¿En qué hemos menospreciado tu nombre?" Ofreciendo sobre mi altar pan inmundo. Y vosotros decís: "¿En qué te hemos deshonrado?" En que decís: "La mesa del SEÑOR es despreciable." Y cuando presentáis un animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Y cuando presentáis el cojo y el enfermo, ¿no es malo? ¿Por qué no lo ofreces a tu gobernador? ¿Se agradaría de ti o te recibiría con benignidad?--dice el SEÑOR de los ejércitos. Ahora pues, ¿no pediréis el favor de Dios, para que se apiade de nosotros? Con tal ofrenda de vuestra parte, ¿os recibirá El con benignidad?--dice el SEÑOR de los ejércitos. ¡Oh, si hubiera entre vosotros quien cerrara las puertas para que no encendierais mi altar en vano! No me complazco en vosotros--dice el SEÑOR de los ejércitos-- ni de vuestra mano aceptaré ofrenda. Porque desde la salida del sol hasta su puesta, mi nombre será grande entre las naciones, y en todo lugar se ofrecerá incienso a mi nombre, y ofrenda pura de cereal; pues grande será mi nombre entre las naciones--dice el SEÑOR de los ejércitos. Pero vosotros lo profanáis, cuando decís: "La mesa del Señor es inmunda, y su fruto, su alimento despreciable." También decís: "¡Ay, qué fastidio!" Y con indiferencia lo despreciáis--dice el SEÑOR de los ejércitos-- y traéis lo robado, o cojo, o enfermo; así traéis la ofrenda. ¿Aceptaré eso de vuestra mano?--dice el SEÑOR. ¡Maldito sea el engañador que tiene un macho en su rebaño, y lo promete, pero sacrifica un animal dañado al Señor! Porque yo soy el Gran Rey--dice el SEÑOR de los ejércitos-- y mi nombre es temido entre las naciones.” (LBLA)
Querido discípulo del Mesías, ¿das el diezmo al principio o al final? ¿Te levantas para orar antes de desayunar todos los días? ¿Te esfuerzas para cantar bonito ante el Eterno? ¿Te empeñas en la oración para que tus palabras no sean vanas repeticiones? ¿Obedeces con ganas o murmurando? ¿Tienes ganas de que termine el shabat para poder correr a tu trabajo o disfrutas del Eterno todo lo que puedas en su día?
Nuestras ofrendas muestran qué pensamos de nuestro Padre celestial. ¡Qué bueno que nos dice en su Torá lo que no le gusta!

Ketriel

lunes, 28 de abril de 2014

¿Por qué el sacerdote no podía tener ningún defecto físico?
El Eterno exigió que los cuerpos de los sacerdotes fueran sin defecto para poder ministrar en el tabernáculo para que lo terrenal fuera una proyección más fiel a lo celestial. Esto nos enseña que en el cielo hay un servicio perfecto, donde los que sirven están creados a la imagen de un hombre perfecto celestial (Ef. 4:24; Col. 3:10).
Hay dos tipos de hombres, el hombre terrenal y el hombre celestial. Como era el primer hombre terrenal así son sus descendientes, y como es el hombre celestial así son sus descendientes (1 Cor. 15:47-49). La descendencia terrenal se obtiene por el nacimiento físico, la descendencia del hombre celestial es el resultado de un nuevo nacimiento espiritual en los hombres físicos.
El hombre celestial fue diseñado antes de la creación y el primer hombre terrenal fue creado a esa imagen (Gén. 1:27; Rom. 5:14). Aunque el hombre celestial había sido diseñado desde la eternidad, no fue manifestado hasta nacer de forma natural en este mundo, cuatro mil años después del primer hombre, hace unos dos mil años (Juan 6:38, 41). El hombre celestial estaba escondido durante cuatro mil años, fue revelado a los hombres por algo más de treinta años (1 Juan 1:1-3), y luego fue escondido otra vez en el cielo, pero esta vez como hombre terrenal glorificado. En su manifestación terrenal el hombre celestial obtuvo un cuerpo físico, el cual murió y fue resucitado y luego vestido de inmortalidad y de una gloria que es el resplandor del Invisible. Esa gloria existía desde la eternidad y fue la que vio Isaías según el capítulo 6 (cf. Juan 12:39-41; 17:5).
La palabra hebrea para crear – bará, ברא – muchas veces ha sido entendida como hacer de la nada – ex nihilo (lat.). Pero las Escrituras muestran que esa no es la mejor forma de entender esa palabra (Heb. 11:3). La raíz de bará está relacionada con cortar, separar, extraer de algo preexistente. Esto nos enseña que en el acto de la creación narrado en Génesis el Eterno extraía las cosas de este mundo de lo que preexistía dentro de Él y lo separó de sí mismo en el sentido de que ahora estaban fuera de él.
Por esa razón hay un hombre celestial que es la imagen perfecta del Creador y un hombre perfecto. Ese hombre es el que ahora está sirviendo en el tabernáculo celestial en el culto perfecto según el orden de Malki-Tsedek.
El texto que hemos destacado de la Torá indica de manera profética que el Sumo Sacerdote celestial tenía que ser sin defecto y perfeccionado (Heb. 5:9; 7:26, 28) y que sus hijos, sus discípulos, iban a ser perfectos en él (Col. 2:10), según la vida de resurrección que tendrían en el futuro y que después de la resurrección de Yeshúa ya han recibido en parte (Heb. 11:40; 12:23).

viernes, 25 de abril de 2014

Mujer ramera o infame no tomarán; ni tomarán mujer repudiada de su marido; porque el sacerdote es santo a su Dios. Y lo santificarás, porque el pan de tu Dios ofrece; santo será a ti, porque santo soyyo el SEÑOR vuestro santificador.

Mujer ramera o infame no tomarán; ni tomarán mujer repudiada de su marido; porque el sacerdote es santo a su Dios. Y lo santificarás, porque el pan de tu Dios ofrece; santo será a ti, porque santo soyyo el SEÑOR vuestro santificador.
(Lev. 21:7-8 SSE)
¿Hay diferentes niveles de santidad?
Los hijos de Israel fueron apartados de entre las naciones para ser más santos que ellos. Los levitas fueron apartados del resto de las tribus para ser más santos que ellas. Los hijos de Aharón hakohen fueron apartados de los levitas para ser más santos que ellos. El sumo sacerdote fue apartado del resto de los sacerdotes para ser más santo que ellos.
Ser santo no significa ser mejor. Ser santo no significa no tener pecado. Ser santo no significa ser favorito. Ser santo no significa tener el derecho de aprovecharse de su posición. Santidad tiene que ver con mayor responsabilidad. Santidad tiene que ver con obediencia. Santidad tiene que ver con mayor sacrificio. Santidad tiene que ver con pagar un precio más alto. Santidad tiene que ver con una posición superior. Santidad tiene que ver con límites marcados. Santidad tiene que ver con cercanía.
Los mandamientos santifican a una persona. Cuántos más mandamientos tenga para cumplir mayor es su llamado a la santidad. Los hijos de Israel y los redimidos de entre las naciones tienen más mandamientos que el resto de las naciones. Los levitas tienen más mandamientos que las demás tribus. Los sacerdotes tienen más mandamientos que los levitas. El sumo sacerdote tiene más mandamientos que todos y por eso él es el más santo para el Eterno y para el pueblo, el más distinguido, el más separado, el más responsable, el más elevado y el más privilegiado.
Un judío no tiene permiso para casarse con una mujer que no es judía. Un creyente en el Mesías no tiene el permiso para casarse con una no creyente en el Mesías. Un sacerdote no puede casarse con mujeres que hayan practicado la fornicación, que hayan nacido de una relación prohibida, que sean divorciadas o convertidas.
Esto nos enseña que cuanto más santidad haya, más estricta es la exigencia. El que quiere vivir una vida de santidad no puede hacer cosas que otros pueden hacer. Uno que desea acercarse más a la santidad dentro del plan del Eterno que hay para su vida tendrá que revisar toda área de su vida y preguntarse si lo que está haciendo es agradable para el Eterno.
Para los diferentes grupos de personas hay cosas permitidas que no son totalmente agradables para el Eterno. También hay cosas agradables para el Eterno que no son perfectas para él. Y finalmente hay cosas perfectas en cada uno de los diferentes grupos de personas, según el nivel de santidad máxima de cada grupo. Vemos por o tanto que se puede vivir en diferentes niveles de santidad dentro del grupo al cual uno pertenece.
Aunque hayan cosas permitidas, no siempre convienen, especialmente si queremos ser sensibles a la voz del Espíritu y vivir una vida en íntima relación con nuestro Padre y con su Mesías. La negación de privilegios normales en esta vida producen mayor santidad.
“Todas las cosas me son lícitas, pero no todas son de provecho. Todas las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré dominar por ninguna… Todo me es lícito, mas no todo conviene; todo me es lícito, mas no todo edifica.” (1 Cor. 6:12; 10:23 LBLA)

Que el Eterno nos ayude a cada uno a encontrar el nivel de mayor santidad dentro del grupo de personas a la cual pertenecemos.

jueves, 24 de abril de 2014

Esta será la ley del leproso en los días de su purificación

Esta será la ley del leproso en los días de su purificación 
(Lev. 14:2a LBLA)
¿Qué relación hay entre la purificación del metsorá y el Mesías?
El Talmud relaciona el Mesías con el metsorá – “el leproso”. En Sanhedrín 98b está escrito sobre el Mesías: “Los rabinos dijeron: Su nombre es “el estudioso leproso”, como está escrito (Isa. 53:4), Ciertamente llevó nuestras penas, y cargó nuestras tristezas: sin embargo, nosotros le consideramos como un leproso, herido de Dios y afligido.”
Esto nos enseña que hay una relación íntima entre la purificación del metsorá y el Mesías. Vamos a destacar algunos secretos de esta aliyá:
14:2, 10 – su purificación fue completada el octavo día – Antes de su muerte Yeshúa fue contaminado por la “lepra del pecado” del mundo en su alma y en su cuerpo. En el día de su resurrección, el octavo día, el día después del séptimo día semanal, fue purificado en los lugares celestiales.
14:3 – fuera del campamento – Yeshúa murió fuera de la ciudad y su purificación fue llevada a cabo en las esferas celestiales.
14:4-7 – dos avecillas vivas, una muere y la otra es soltada en campo abierto – Yeshúa muere y luego es resucitado para volar en campo abierto.
14:4,6 – madera de cedro – Yeshúa muere en un árbol colgado en un palo horizontal de cedro (probablemente).
14:4,6 – un cordón escarlata – Yeshúa fue vestido con un manto de escarlata antes de morir (Mat 27:28).
14:4,6 – hisopo – Un palo de hisopo fue llevado a la boca de Yeshúa cuando estaba muriendo (Juan 19:29).
14:5 – una vasija de barro – el cuerpo de Yeshúa era un vaso de barro.
14:5 – agua corriente – Yeshúa tenía que pasar por las aguas de la muerte (2 Sam. 22:17; Jon. 2:5)
14:6 – la avecilla viva fue mojada en la sangre – Yeshúa todavía lleva las marcas de la muerte en su cuerpo resucitado.
14:8 – lavará su ropa, se rasurará todo el cabello, se bañará en agua – Yeshúa tuvo que pasar por la tevilá (el bautismo) de la muerte (Luc. 12:50) para eliminar el pecado – simbolizado por la ropa sucia, el cabello infectado y la impureza ritual.
14:9 – el séptimo día – cuando Yeshúa todavía estaba en la tumba fue eliminado el pecado.
14:10-11 – en el octavo día fue declarado limpio y presentado delante del Eterno – el primer día de la semana Yeshúa fue declarado limpio y presentado como vivo delante de su Padre (Juan 20:17).
14:12 – ofrenda por la culpa – Yeshúa fue entregado al Eterno como una ofrenda por la culpa del mundo.

¡Bendito sea el Eterno por la muerte expiatoria de Yeshúa.